Esta tarde fui al Bunraku, el teatro tradicional de marionetas japonés. Lo que lo hace especial es la vistosidad de los muñecos, con sus trajes superdetallados, sus caras blancas, y los diálogos/música interpretados por hombres que se sitúan a la derecha del escenario, como en el Kabuki. También choca ver que los 3 hombres que manejan cada marioneta están totalmente visibles al público, aunque como están vestidos de negro (y dos de ellos tienen la cabeza cubierta) los ojos se acaban fijando en las marionetas y no en ellos, aunque estén ahí, corriendo detrás de cada marioneta…

Como suele ser habitual, si queréis saber más del Bunraku, Óscar explica bastante bien el tema. Incluso se la jugó a sacar un vídeo, a pesar de estar prohibido… 
Yo tenía bastantes ganas de ir porque el Bunraku me resultó muy curioso cuando vi la peli de Takeshi Kitano, Dolls. Es uno de los mejores directores japoneses. Si queréis ver alguna peli de aquí, y probáis alguna de Kitano (Kurosawa tambien vale), seguro que os gusta. Al contrario que Hana-bi (la otra peli suya que he visto) y el resto de sus películas, en ésta la violencia no está tan presente , aunque yakuzas haberlos haylos.

Básicamente, la peli es la mezcla de tres historias de ‘amor’, en una especie de Bunraku hecho película. De hecho, empieza y acaba con escenas de las marionetas japonesas como la que he puesto arriba. Las tres historias tienen como protagonistas a:
- Una pareja joven rodeada por muchas presiones sociales (típicas de aquí) sobre la conveniencia de su matrimonio.
- Una cantante de J-pop y un fan bastante otaku…
- Un yakuza senior y su novia de juventud.
Creo que todas estas historias tienen en común que los protagonistas parecen llevar en todo momento el control de sus vidas, pero realmente siempre puede haber algo (inesperado o provocado) que haga que las cosas cambien mucho. Por eso, incluso las personas más fuertes pueden ser marionetas en algún momento, y sentirse impotentes ante las cosas que les pasan.
La peli realmente es muy japonesa, se juega mucho con el paso del tiempo y el cambio de las estaciones, y después de ver el bunraku, yo creo que sí que se respira un ambiente sacado de ahí.

PS: la afición al cine japonés empezó para llenar las 2 horas de tren que me chupo cada día, aunque ahora lo haya cogido con gusto… No hay mal que por bien no venga no?
Si véis Dolls espero que os guste, aunque el cine japonés parezca lento y a veces cueste comprenderlo creo que merece la pena. Sobre todo, porque es otra manera de hacer/ver las cosas.